Categoría: LITERATURA
30 Junio 2005

En mayo de 1938 millones de norteamericanos fueron presa del terror; una emisora de radio transmitió noticias que sobrecogieron sus ánimos: los marcianos habían invadido la tierra y estaban aniquilando el planeta, abrasando pueblos, reduciendo a escombros ciudades enteras y exterminando todo tipo de fuerzas que osaban hacerles frente. El fin del mundo parecía haber llegado. Durante ocho horas la emisora voceó angustiosamente el parte de guerra de aquella invasión y miles y miles de radioescuchas desalojaron a toda prisa sus hogares intentando distanciarse por todos los medios de aquella amenaza. La policía hubo de trabajar lo suyo para convencer a los asustados ciudadanos, que bloqueaban en su fuga caminos y carreteras, de que habían sido víctimas de un engaño. Ningún marciano de enorme cabeza había bajado a visitarnos. Aquella emisora que sembró el terror estaba retransmitiendo un espacio sobre ese tema. El talento de un joven director de programas especiales, Orson Welles, y el poder de las palabras fueron las causas de aquel pánico colectivo que ha pasado a la historia. Si gran parte del mérito de que aquella ficción se hiciese realidad corresponde a quien la puso en antena, no menores merecimientos recaen en el creador de la idea original y autor de la novela La guerra de los mundos, que fue la base del programa. Su nombre era el de Herbert George Wells, escritor de aquella historia cuyas palabras invadieron el mundo.
La obra

Esta novela se encuadra dentro del género de la ciencia-ficción junto con 1a máquina del tiempo, El hombre invisible o La visita maravillosa. En todas ellas parecen coexistir los dos impulsos básicos de la personalidad de su autor: un temperamento esencialmente artístico y una educación o formación científica.
Representan por tanto la expresión estética del conflicto interior que él mismo reconocía al escribir: «Soy de temperamento egoísta y romántico; intelectualmente, convencido de que todo lo egoísta y lo romántico debe acabar.»
El tema de la novela parece que le fue proporcionado por el comentario de su hermano Frank, que se preguntó qué pasaría si en el apacible escenario de la comarca de Surrey cayeran habitantes de otros planetas.
El tema central

Si bien el asunto o argumento de la novela es la historia de la destructiva invasión de unos marcianos que aterrizan en el sur de Inglaterra, el tema central, el núcleo conceptual que sintetiza la trama sería la “seguridad ficticia y la fatua vanidad” que caracteriza a la humanidad autosatisfecha.
En este sentido La guerra de los mundos es una denuncia de nuestro mundo. “Pero el hombre es tan vano, tanto le ciega su vanidad, que ningún escritor antes del fin del siglo XlX expresó el pensamiento de que allá lejos la vida intelectual, caso de existir, se hubiere desarrollado muy por encima del humano nivel”, se lee en sus primeras páginas, y el mismo talante de forma más rotunda aparece el epílogo: “Es posible, en los amplios designios del Universo, que no deje al fin de beneficiarnos la invasión marciana; se nos ha arrancado esa confianza tranquila en el porvenir, que es la fuente más segura de degeneración”. El doctor Vicente López, un especialista en su obra, entiende que La guerra de los mundos, más que una profecía, sería un entretenido sermón o perorata narrativa sobre las bondades de la humildad.
Aspectos formales
El relato está construido siguiendo una organización binaria que hasta el propio título enuncia. La estructura doble se manifiesta también en la división de la novela en dos bloques o libros, aun cuando esta división sea un tanto desequilibrada por el mayor peso de la parte primera. Asimismo la trama es dual: por un lado las aventuras y desventuras de «un escritor reputado que se ocupa de cuestiones filosóficas» y por el otro los sucesos que atañen a su hermano «estudiante de medicina».
La narración utiliza dos técnicas de escritura diferentes:
· Relato en primera persona: “reparé en mi vecino”
· Relato en tercera persona : “encontraron a los dos lados del camino...”
La preferencia persistente por las construcciones dobles o binarias es algo palmario en toda la obra de Wells. En su tesis sobre Literatura y Filosofía del Derecho, el profesor Javier Galli señala que este hecho podría responder al talante moralista y pedagógico de su autor, es decir, a una visión escindida de la realidad: lo bueno y lo malo, lo conocido y lo desconocido.
El estilo
De forma unánime la crítica está de acuerdo en que la prosa de Wells no destaca por sus virtudes estilísticas. Partiendo de una traducción, aunque sea de la calidad alcanzada en ésta, resulta difícil analizar este aspecto. Para el autor de El alimento de los Dioses lo principal es lo que se cuenta y. no cómo se cuenta. Es indudable que nadie encontrará en sus escritos una prosa artística, pulida o de gran calidad estética, virtudes que además nunca se propuso: «Yo hago honradamente lo que puedo por evitar repeticiones en mi prosa, y cosas así, pero, quitando algún pasaje de altura, no veo el interés de escribir por la belleza de la frase nada más.» Se puede estar de acuerdo o discrepar de su peculiar estética o no-estética, pero es necesario reconocer su poder expresivo, su destreza en la creación de ambientes o la maestría, por ejemplo, con que relata el movimiento de las masas asustadas. La prosa de Wells es animada, ágil, expresiva, más aguda que mágica y capaz de visualizar para el lector la escenografía narrativa.
El contenido
Como es habitual en sus novelas de ciencia-ficción, lo científico ocupa un lugar hegemónico. Los datos sobre el planeta Marte, la mecánica de los instrumentos marcianos, la explicación de su apariencia o de la muerte de los invasores recibe un enfoque semejante al de los tratados de física o biología. La posición de mero testigo que adopta muchas veces el narrador-protagonista confiere a los hechos narrados una distancia muy eficaz desde el punto de vista literario. «Me parece que observo lo exterior desde parajes muy remotos, fuera del tiempo, del espacio, de la vida y de la tragedia de las cosas.» Esta frialdad a la hora de describir muertes, masacres y demás desastres de la invasión actúa estilísticamente como un intensificador de las sensaciones que se transmiten al lector.

Lo magistral de la novela es el contraste entre la placidez de la vida cotidiana y la magnitud de la catástrofe. El choque entre la confiada curiosidad de los humanos y la agresividad tecnificada de los marcianos. Es de destacar también que por las circunstancias históricas del momento de su publicación conllevaba un alegato contra el colonialismo inperante: «Antes de juzgarlos con excesiva severidad debernos recordar que nuestra propia especie ha destruido completa y bárbaramente, no sólo especies anitnales, como las del bisonte y el dodo, sino razas humanas inferiores.»

Los personajes
Uno de los aciertos mayores de La guerra de los mundos es la lograda sensación de que existe un protagonista colectivo: la humanidad. Esta sensación se consigue literariarnente:
·Identificando al protagonista con la generalidad de los hombres. Para ello se esquematiza al personaje y se le evita cualquier matiz psicológico peculiar.
·Describiendo con relevancia el movimiento de masas e introduciendo mensajes y noticias procedentes de los medios de comunicación.
- El narrador. El hombre de Woking es un prototipo de hombre de la época. No se nos ofrece ningún rasgo psicológico sobre su personalidad, aunque se mencione su propensión a la observación. Literariamente conviene indicar su doble papel de testigo distante y víctima privilegiada. Este doble cometido provoca que su visión fluctúe entre la reflexión intelectual y el horror instintivo.
- El hermano del narrador. Más que un personaje es un pretexto para ampliar geográficamente la trama. Situado al comenzar la invasión en Londres, será el hilo conductor que permita dar cuenta de las reacciones de la masa.
- El vicario. Es el personaje peor tratado de la historia. Sitnboliza el hombre que no es capaz de controlarse. Dada su condición de clérigo, Wells critica a través suyo la debilidad y cobardía de las élites encargadas, teóricamente, de modelar y organizar al pueblo.
- El artillero. Es el personaje secundario de más enjundia. Así como el vicario encama el poder, el artillero simboliza a los que carecen de influencia o mando. El diálogo entre el narrador y este personaje que se recoge en el capítulo VII del segundo Libro de la novela es ideológicamente imprescindible para entender el propósito moral que contiene.

- Los marcianos. Su tratamiento se transforma lentamente a lo largo de la novela. Contemplados en un primer momento como meros objetos para la curiosidad científica, encarnarán luego la representación del mal, de la violencia o de la tiranía, y finalmente, en la hora de su agonía, sin embargo se producirá un acercamiento humanitario que llega incluso hasta la ternura, la piedad y la solidaridad. Wells no efectúa una condena moral de la invasión. Racionaliza su comportamiento en términos ecológicos, atendiendo a la lucha de las especies, y como mucho su único reparo hacia ellos sería su falta de previsión científica que dará lugar a su fracaso.
Valoración final
Con La guerra de los mundos se inaugura la larga serie de novelas sobre extraterrestres. Es difícil explicar a qué se debe el ansia que nos despierta la duda sobre la existencia de habitantes en otros planetas. Quizá la humanidad siente el deseo de no encontrarle sola en la inmensidad del Universo.
La guerra de los mundos es precursora de todos los libros, películas o reportajes que actualmente proliferan sobre el terna. Su gran virtud no reside en que Wells se anticipase con el Humo Negro a la guerra química o los gases asfixiantes, o que el Rayo Ardiente se haya identificado con el moderno rayo láser. Su grandeza, dejando aparte su portentosa imagi- nación, proviene de que Wells supo, mirando a las estrellas, conocer mejor la condición humana.

© Grupo Anaya, S.A.,1982
Constantino Bértolo Cadenas
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30 Junio 2005
Por Miguel Uceda

Hace cien años, en 1898, Herbert George Wells publicó en Londres su memorable novela La guerra de los mundos. Cuando este libro vio la luz se vivía las postrimerías de un siglo que había sido muy fecundo en descubrimientos científicos y desarrollos técnicos. Ya se había consolidado la revolución industrial en las naciones más desarrolladas, con todas sus consecuencias: la aparición de una sociedad de consumo; acortamiento de distancia por el desarrollo del ferrocarril, los barcos de vapor y el telégrafo; desigualdad social una burguesía industrial enriquecida, frente al proletariado que vivía explotado por un sistema liberal a ultranza; necesidad de apertura de nuevos mercados aún por la fuerza. Por todas estas circunstancias se llegó a una globalización de la política internacional. Las naciones pugnaban en una carrera sin cuartel de ambición por conseguir la máxima extensión colonial. En esa sociedad orgullosa de sí misma, el ejército era la espina dorsal sobre la que se vertebraba toda la estructura nacional. Los países se veían los unos a los otros como enemigos, prestos a entrar en combate. Los únicos derechos nacionales reconocidos eran los de aquellos que poseían una milicia capaz de defenderlos. Así países abiertos como Polonia a lo largo de su ajetreada historia han tenido que soportar innumerables repartos territoriales sin contar con el pueblo polaco, acordados exclusivamente entre sus militaristas vecinos: el Imperio Ruso (y también como Unión Soviética), Prusia (y también como Alemania) y el Imperio Austrohúngaro. A la sombra de este principio, la ley de la selva, los países africanos y asiáticos fueron presa de las naciones económicamente más pujantes: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y al que más tarde se sumó Japón que como prueba de la asimilación de la cultura occidental apoyó, como en las naciones europeas, una política que fomentaba el militarismo, el nacionalismo fanático, el racismo, el odio y el desprecio hacia las víctimas de este despiadado imperialismo. En otros casos se invocaba incluso a razones metafísicas como la doctrina del Destino manifiesto mantenida en los EE.UU. en el siglo XIX durante su expansión territorial hacia la costa del Pacífico, que justificaba cualquier acción, sea la que fuere, encaminada a aumentar su influencia sobre cualquier parte de todo el continente norteamericano, porque estaba predestinado a ello, mostrando un sentimiento hacia la población autóctona que se puede resumir en la terrible y tristemente conocida frase "el mejor indio es el indio muerto". Su autor, el general Custer, es tomado aún hoy como héroe nacional y mitificado innumerables veces por la industria cinematográfica.
Ciertamente la sociedad había progresado mucho materialmente, pero no creando una sociedad igualitaria ni solidaria. La burguesía europea creía en el progreso, en la técnica, confiaba en la ciencia y en la sociedad que había creado a su imagen, sin preocuparse en la justicia social, solo miraba una cara de la moneda. Frente a este aparente buen orden en que se vivía en las ciudades europeas, las mentes más sensibles lanzaron su voz de alerta, las mismas voces que pocos años después llamarían a la sensatez, frente a la conciencia popular que por odio y sentimiento revancha apoyaba la barbarie que supondría la Primera Guerra Mundial. Una de estas personas sería Wells que mediante artículos periodísticos y conferencia intentaba crear una sociedad más justa. Propugnaba un sistema político que estuviera a medio camino entre el capitalismo que él conoció y el socialismo, que corrigiera los excesos en un sentido como en otro, de hecho llegaría a entrevistarse tanto con Stalin como con Roosevelt. Wells fue un profundo defensor de los derechos humanos y nacionales. Apoyó la Sociedad de Naciones, como único garante posible de la convivencia pacifica entre naciones y también como el único foro válido de resolución de contenciosos internacionales.
Su trayectoria literaria se puede dividir en varios periodos, el primero como escritor de novelas de fantasía, de ciencia - ficción o de anticipación, de donde proceden sus títulos más conocidos "La máquina del tiempo" (1895), "La isla del doctor Moreau" (1896), "El hombre invisible" (1897) y "La guerra de los mundos" (1898) donde utiliza la fantasía como fábula del mundo que vivía para realizar una crítica social, que enmarca su transición hacia el siguiente periodo, adscribiéndose a la tradición de Dickens, dominado por el realismo narrativo y una crítica más directa hacia la sociedad como en "Kips, historia de un alma simple" (1905). En su novela "Ann Veronica" (1909) se anticipa a lo que serían los movimientos feministas de liberación de la mujer del siglo XX. El siguiente periodo se caracteriza por publicar obras de carácter enciclopédico, pero siempre centrado en la sociedad, en el devenir de la historia, y el futuro de la humanidad, "El perfil de la historia" (1919), "La conspiración abierta" (1922). Murió al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, sin que los horrores cometidos por los estados le hicieran desesperar de su intento de crear un mundo mejor, más justo y solidario, no obstante sus últimos escritos "El destino del homo sapiens" (1939), "La mente a la orilla del abismo" (1945) están teñidos de pesimismo ante su impotencia frente una humanidad que por ambición y odio se destruye a si misma.
"La guerra de los mundos" no fue la primera vez que se abordó en literatura la existencia de seres extraterrestres, pero sí desde un nuevo punto de vista, pues anteriormente el tema era tratado por los escritores de la arrogante era industrial como encuentros con otras civilizaciones más primitivas. Pues para muchos era impensable otra tecnología más avanzada que la disponible por la sociedad finisecular, así por ejemplo el director de la oficina de patentes de Nueva York solicitó en 1899 la clausura del servicio que dirigía, aduciendo la sencilla razón de que "ya estaba inventado todo lo que podía inventarse".
Evidentemente esta no era la opinión de una persona de la imaginación de Wells, no solo para idear premoniciones como las vertidas en esta novela -como las naves espaciales, el rayo láser, la guerra química o la organización de ayuda internacional ante desastres en gran escala-, sino que utiliza la fantasía para plasmar su concepción del colonialismo.

En aquella época Londres estaba inmerso en la era victoriana, vivía su momento de máximo apogeo, era la capital del mayor imperio colonial que jamás conoció la Tierra, treinta millones de kilómetros cuadrados, un quinto de la superficie terrestre del planeta con zonas tan extensas como Canadá, la India, Australia y, en África, desde Egipto hasta Sudáfrica. En Londres, el colonialismo era considerado un acto de patriotismo beneficioso para Inglaterra e incluso para los países conquistados, pues les acercaba al progreso, a la civilización, al orden británico y al cristianismo. Wells no compartía esta visión idílica y pueril del colonialismo, por eso en esta novela presenta a la civilización marciana técnicamente muy superior a la humana, la conquista a la tierra se puede identificar como una conquista de un territorio cuyo moradores viven en el paleolítico. Londres, la orgullosa cabeza del imperio británico, sucumbe rápidamente sin que el ejército, ni la ciencia o el ingenio humano pueda hacer nada para frenar el avance enemigo. Cuando todo está perdido ya, cuando Inglaterra se convierte de hecho en colonia de Marte, los marcianos quedan aniquilados víctimas de los microorganismos, los seres más diminutos de nuestro planeta. Donde la técnica y la estrategia humana fallaron, vencieron estos seres cuya existencia pasa desapercibida. Era una auténtica lección de humildad ante una época dominada por el triunfalismo de la técnica. Por todos estos factores, esta novela fue un golpe contra la mentalidad de sus coetáneos, ya que presenta al colonialismo no desde la prepotencia del ejercito vencedor, sino visto desde la sociedad que se ve conquistada, sus valores y su propia autoestima aniquilados. De todas formas el optimismo de Wells queda patente en el hecho de que duró poco tiempo la invasión marciana, tan sólo quince días, mientras que los problemas coloniales perduran aún, en nuestro tiempo, después incluso de la expulsión de la administración extranjera, pues para poder dominar un país inmenso es táctica común de los invasores hacer irreconciliables las distintas etnias, culturas o religiones con el fin de que no se unan contra el enemigo común, tras la descolonización, una vez que no existe este invasor, la semilla del odio sembrada provoca innumerables guerras y matanzas.

En la propia novela Wells escribe acerca de la brutal conquista por parte de los marcianos: "Antes de juzgarlos con excesiva severidad debemos recordar que nuestra propia especie ha destruido completa y bárbaramente no tan sólo a especies animales, como el bisonte y el dodo, sino razas humanas culturalmente inferiores. Los tasmanienses, a despecho de su figura humana, fueron enteramente borrados de la existencia en una guerra exterminadora de cincuenta años, que emprendieron los inmigrantes europeos. ¿Somos tan grandes apóstoles de misericordia que tengamos derecho a quejarnos porque los marcianos combatieran con ese mismo espíritu?"
El estilo literario de Wells es muy realista, aunque describiese situaciones muy imaginativa en sus novelas, las presenta de forma muy creíble. Ahí radica su éxito, el lector se ve transportado al mundo donde lo fantástico convive con lo cotidiano. En la noche del 30 de octubre de 1938, cuando el mundo temblaba por la ambición insaciable de un dictador, Orson Welles realizó una adaptación radiofónica de esta novela que causó una ola de terror en Estados Unidos por creerse millones de radioyentes que se trataba de una conquista marciana real en New Jersey. Varios sicólogos aprovecharon este pánico colectivo para estudiar el comportamiento humano en tales casos. A pesar de la divulgación que se dio a este hecho, se escribieron libros, se realizó una película, no fue suficiente porque de nuevo se repitieron las escenas de terror el 14 de Febrero de 1949 cuando se radió una versión similar en Quito (Ecuador). El 25 de junio de 1958 se repitió la misma transmisión, esta vez desde Lisboa, con el mismo pánico por parte de los radioescuchas no advertidos. La policía ordenó la suspensión de la emisión debido al colapso telefónico de llamadas de personas aterrorizadas a los responsables del orden público y a las redacciones de los periódicos. Todo estos hechos demuestran el gran poder expresivo del autor y del relato en particular.

Entre los lectores que esta novela cautivó figura Robert Hutchings Goddard (1882-1954) que leyó la obra de Wells a los dieciséis años y esto sería para él un hecho crucial en su vida. Le despertó su imaginación y dedicó toda sus energías en hacer realidad ese sueño juvenil, que tuvo una tarde de verano subido a un cerezo, de construir un aparato capaz de viajar a Marte. Hoy se le considera pionero de la astronáutica, construyó cohetes que se autorregulaban para evitar desvíos en su trayectorias, consiguiendo alcanzar alturas hasta entonces inalcanzables. Demostró la posibilidad de los viajes a través del vacío interplanetario, propuso cohetes de varias etapas para alcanzar alturas máximas.
Marte es el planeta rojo, el dios de guerra. Tiene una tenue atmósfera. Aunque carece de océanos sí posee casquetes polares de hielo carbónico. Todos los astrónomos están de acuerdo en asegurar que después de la Tierra es el mundo del Sistema Solar que mejor se adapta a que exista vida tal y como nosotros la conocemos. En 1877, cuando el planeta realizaba una de sus máximas aproximaciones periódicas a la Tierra, Asaph Hall descubrió sus dos pequeños satélites y Giovani V. Schiaparelli anunció que había descubierto líneas que atravesaban el planeta, a las que denominó canales. En aquella época se estaban abriendo canales para la navegación en todo el mundo (apertura del canal de Illinois y Michigan en 1848, que conecta Chicago y Nueva York con la cuenca del Mississippí, el canal de Caledonia en 1849 que atraviesa Escocia a través del lago Ness, el canal de Corinto en 1893 entre el mar Egeo y el Jónico, el canal de Suez en 1869, inicio de las obras del canal de Panamá en 1897) por lo que se estimuló a la imaginación popular y científica en suponer que esas líneas se trataban de obra de ingeniería marciana. Todo los observatorios intentaban escudriñar el planeta para descubrir indicios de civilización. Uno de estos asiduos observadores de Marte sería Percival Lowell quien construyó en 1894 un observatorio con el fin exclusivo de analizar Marte, aunque desde allí realizó notables descubrimientos en el movimiento de los otros planetas. A principios del siglo XX este astrónomo lanzó una audaz teoría según la cual una civilización avanzada construyó la red de canales en un intento desesperado de obtener agua de los casquetes polares para abastecer a las sedientas ciudades de la zona ecuatorial en un planeta que se estaba desertizando. Más tarde, la fiebre marciana terminó cuando se abandonó la idea de los canales al comprobarse que se trataba de un error óptico de observación.

Tras los análisis efectuados por las sondas espaciales parecía que estaba cerrado el tema de la vida en Marte, pues si bien es imposible demostrar que no existe vida en aquel planeta, sí al menos se consideraba como muy improbable. No obstante confirmaron parcialmente la hipótesis de Lowell al verificar que ciertamente el planeta se desertizó, pues en tiempos pretéritos estaba lleno de cauces fluviales, aunque no guardan relación alguna con los supuestos canales. Sin embargo hace dos años, en vísperas del centenario de la novela de Wells, se reabrió de nuevo de nuevo la polémica de la vida marciana tras el hallazgo de glóbulos de carbonato encontrados en un meteorito procedente de Marte, similares a los microfósiles de las nanobacterias terrestres.
Es evidente que en progreso científico no hemos avanzado lo suficiente para poder responder a los interrogantes que ya teníamos planteados hace cien años. Ahora cabe preguntarse si hemos progresado social y humanamente lo suficiente y eso es responsabilidad de cada uno de los que formamos la sociedad. Una responsabilidad para vivir en un mundo más abierto, más solidario, más tolerante, sin discriminaciones, sin odios a países extranjeros y sobretodo un mundo más unido, sin invasiones ni guerras.
La ilustración de la cabecera del artículo es de Peter Goodfellow; la segunda ilustración es un fragmento de la realizada por Geoff Taylor. Ambas pertenecen al folleto de la adaptación musical de la obra de H.G. Wells realizada en 1978 por Jeff Wayne, con letras de Gary Osborne, grabada para la CBS.
© Miguel Uceda 1998
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21 Junio 2005

En 1939 Europa se debatía en una profunda crisis. El fascismo se alzaba amenazante por todas partes y se presentía la inminencia de una nueva guerra. Un oscuro profesor de liceo de provincias se reunía en los cafés de Montparnasse con sus amigos, todos ellos dominados por un intenso abatimiento y sumamente escépticos ante el desarrollo de la situación política. Durante la guerra cambiaron su amparo a los establecimientos de Saint Germain: el Café de Flore y el Deux Magots. Jean Paul Sartre se refugiaba para escribir en esos bares buscando la calefacción que los rigores de la guerra le impedían mantener en su domicilio.
Tras el conflicto mundial Sartre, que había publicado en 1938 una novela de un pesimismo desconsolado, “La nausea”, comenzaba a ser admirado como el nuevo maestro cuyo desánimo y apatía eran la tónica en una sociedad que se reconstruía tras los años del desastre bélico. Una nueva estética surgía en Francia con el culto al arte negro, el jazz, la angustia existencial, la subversión de las costumbres, la rebelión del idioma, la demolición del ceremonial burgués. Las canciones de Juliette Greco y los poemas de Prevert estaban a la moda. La revista “Les temps modernes”, fundada por Sartre en 1945, era de rigurosa lectura en los medios culturales.
Sartre atizó su notoriedad de nuevo guía espiritual con una serie de obras de teatro que tuvieron un éxito considerable: “Las moscas”, “A puerta cerrada”, “La ramera respetuosa” y “Las manos sucias” fueron sucediéndose mientras promovían a su autor a la mayor nombradía. A la vez apoyaba su obra intelectual con un sistema de pensamiento, el existencialismo, fundamentado en obras como “El ser y la nada”, de 1943. Sartre pretendía que la existencia precede a la esencia. El ser humano acontece, como tal, actuando. De ahí pasó a la responsabilidad social y a los valores de una ética de los hechos. Quizás su filosofía fue anticipada, involuntariamente, en unos versos de Antonio Machado: “caminante no hay camino / se hace camino al andar”.
Sartre se había criado, por ser huérfano de padre, en casa de su abuelo paterno, Karl Schweitzer, profesor de alemán en La Sorbona. Realizó estudios en Berlín y esa influencia alemana se hizo sentir en su pensamiento. La fenomenología de Husserl y la obra de Heidegger pesaron mucho en su concepción del existencialismo. Sartre también escribió novelas y los tomos de “Los caminos de la libertad” tuvieron tanto éxito como sus obras teatrales. Dedicó imprescindibles estudios literarios a la obra de Jean Genet, Baudelaire y Flaubert.
En 1954 visitó la Unión Soviética y elogió el sistema de socialismo ruso, pero dos años más tarde la intervención en Hungría le provocó a escribir un largo ensayo “El fantasma de Stalin” donde criticó los excesos absolutistas del experimento ruso y se distanció de la URSS, a la vez criticó la docilidad del Partido Comunista francés a sus colegas de Moscú.
En 1960 visitó Cuba y escribió un libro sobre esa experiencia: “Huracán sobre el azúcar”. En 1964 le fue concedido el Premio Nobel que rechazó alegando que los escritores que permiten que se les erija estatuas mientras viven serán olvidados tras su muerte. Cuando ocurrió la insurrección de mayo de 1968, en París, se lanzó a la calle junto a los estudiantes que querían derribar al sistema. Fue uno de los mentores de la rebelión y a un Ministro que quería prenderlo, De Gaulle le replicó, con su habitual sentido histórico: “ni siquiera a Luis XVI se le ocurrió encarcelar a Voltaire”
Siendo niño Sartre solía ir con su madre a jugar al parque del Luxemburgo. Su estrabismo y extremada fealdad le distanciaba de los demás, que le rechazaban por su imperfección física. Tras las constantes frustraciones decidió no volver al parque, escenario de sus rechazos y se refugió en la lectura. Más tarde confesó que las palabras habían sido el lenitivo que le permitió atravesar esa etapa sombría. Con Simone de Beauvoir, su compañera de toda una vida, mantuvo una relación abierta. Fue notablemente aficionado a las artes del amor. En una época consumió drogas para estimular su trabajo intelectual. También se sumió en el alcoholismo en ciertos períodos. Fue un empedernido fumador de “Boyardos”, una de las marcas de cigarrillos más fuertes.
El 21 de junio de conmemora el primer centenario de su nacimiento. Sartre amaba la vida --y así lo dejó plasmado en sus notas de viaje y en las memorias de la Beauvoir—pese a su negativismo escéptico y a su destructiva teoría de la nulidad de la existencia. Para él la muerte venía en oleadas, con una sucesión de privaciones y una inhabilidad creciente. Su memoria ha quedado impresa de manera indeleble en el lapso histórico que terminó, que algunos no han vacilado en nombrar como el siglo de Sartre.

SEMBLANZA
*Sartre nació en París el 21 de junio de 1905, estudió en la École Normale Supérieure de esa ciudad, en la Universidad de Friburgo, Suiza, y en el Instituto Francés de Berlín.
*Enseñó Filosofía en varios liceos desde 1929 hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, momento en que se incorporó al ejército.
*Desde 1940 hasta 1941 fue prisionero de los alemanes; después de ser puesto en libertad dio clases en Neuilly (Francia) y más tarde en París, donde formó parte de la Resistencia Francesa.
*Las autoridades alemanas, desconocedoras de sus actividades secretas, permitieron la representación de su obra de teatro antiautoritaria “Las moscas” (1943) y la publicación de su trabajo filosófico más célebre, “El ser y la nada” (1943).
*Sartre dejó la enseñanza en 1945 y fundó, con Simone de Beauvoir, entre otros, la revista política y literaria “Les tempes modernes”, de la que fue editor jefe.
*Se le consideró un socialista independiente activo después de 1947, criticó tanto a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como a Estados Unidos en los años de la Guerra Fría.
*En la mayoría de sus escritos de la década de 1950 están presentes cuestiones políticas, incluidas sus denuncias sobre la actitud represora y violenta del ejército francés en Argelia.
*Rechazó el Premio Nobel de Literatura en 1964 y explicó que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor.
*Las obras filosóficas de Sartre conjuntan la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhem Friedich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de Karl Mars en una visión única llamada Existencialismo.
*Este enfoque suscitó un amplio interés popular que hizo del Existencialismo un movimiento mundial.
FRASES
Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que ser.
Los cobardes son los que se cobijan bajo las normas.
Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo.
El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor sin el hombre.
El hombre está condenado a ser libre.
El hombre nace libre, responsable y sin excusas.
Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren.
No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan.
No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros.

Funeral de Jean-Paul Sartre el 19 de abril de 1980, en el cementerio de Montparnasse, en París. (AFP)
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21 Junio 2005
"Todo lo que uno puede imaginar, otros podrán hacerlo realidad"
El 24 de marzo hará 100 años que moría en Amiens (Francia) el genio de la literatura que se adelantó a la ciencia. Verne viajó, a mediados del siglo XIX, a la Luna, al centro de la Tierra y al mundo submarino. Autor prolífico, hombre de ciencia.
A Verne se le ha encasillado como autor de literatura de aventuras y para jóvenes, o como literato fundador de la ciencia ficción. Todos hemos leído a Verne de jóvenes y todos hemos visto las películas basadas en sus obras. Pero Verne no era sólo eso. Julio Verne se adelantó a la invención del submarino, del helicóptero y a los viajes espaciales. Y su viaje a la luna es la primera narración de un viaje espacial con medianamente científicos. Y en la literatura del autor francés había un universo simbólico que nos pasa desapercibido cuando lo leemos con 15 años. Por eso hay que releer a Verne.
Julio Verne nació el 8 de febrero de 1828 en la ciudad francesa de Nantes. Su padre, abogado, era un hombre estricto y de una férrea moral católica. Con apenas 11 años, el niño Julio Verne se enroló como grumete en un barco que partía desde el puerto fluvial de Nantes hacia La India. Su padre le hizo bajar del barco, le llevó a casa y le propinó una soberana paliza. El niño reconoció tras los latigazos que sólo quería vivir aventuras y traer de La India un collar de coral para su prima, de quien se había enamorado.
Su padre quiso hacerle abogado para seguir la tradición familiar y, con la excusa de estudiar Derecho, Verne marchó a París, donde comenzó con algo más de libertad su vida como escritor. Alejandro Dumas le estrenó su primera obra teatral, le acogió en su mesa y fue como un segundo padre. Pero seguía necesitando dinero, y por eso entró a trabajar como agente de Bolsa. Por las mañanas trabajaba, pasaba las tardes en la Biblioteca Nacional y escribía durante las noches. Ya casado, no le faltaba dinero, pero el ritmo de trabajo era agotador. Aún así, comenzó la publicación de sus Viajes Extraordinarios, 64 novelas para las que reunió 25.000 fichas de documentación, y en las que aparece por primera vez su gran personaje, el Capitán Nemo, una especie de trasunto del propio Verne, un solitario, revolucionario e individualista que es lo que nunca pudo ser nuestro autor.
La adaptación teatral de su obra La vuelta al mundo en 80 días estuvo representándose continuamente durante 50 años en el Châtelet de París. El éxito le permitió comprar un yate y cumplir los sueños marineros de su infancia. Viajó a Escocia, a Noruega, a Nueva York, navegó por el Mar del Norte y por el Mediterráneo. En 1886, un perturbado le disparó a la puerta de su casa y este atentado le dejó una cojera irrecuperable.
En los últimos años de su vida sus novelas se fueron oscureciendo y su espíritu burgués no comprendió las revueltas sociales que, como la Comuna de París, amenazaban con hacer caer todo el sistema social en el que se habían basado sus certezas. Aún así, Verne supo ver, también en sus últimas obras, los cambios sociales del futuro. Anticipa que las potencias del siglo XX serían Estados Unidos, Rusia y China y que Inglaterra no sería apenas más que un apéndice de la política exterior norteamericana. En Los 500 millones de la Begun habla del militarismo alemán y en La asombrosa aventura de la misión Barsac adelante los efectos del nazismo que usaría los avances científicos para la aniquilación.
El 24 de marzo de 1905, Julio Verne fallecía en su casa de Amiens. Poco antes de morir, destruyó casi toda su correspondencia, sus anotaciones y manuscritos personales y algunas obras inéditas.
Obras de Julio Verne que puedes encontrar en la Biblioteca:
* De la tierra a la luna.--Madrid : Anaya, 1992
* Alrededor de la luna.--Madrid : Anaya, 1989
* La isla misteriosa.--Madrid : Alianza, [1998]
* Viaje maldito por Inglaterra y Escocia.--Madrid : Debate, [1989]
* Héctor Servadac.--Barcelona : Nauta, [1971]
* César Cascabel ; El maestro Zacarías.--Barcelona : Nauta, [1971]
* Une fantaisie du docteur Ox.--[Paris] : Gallimard, [1980]
* Dos años de vacaciones.--Barcelona : Nauta, 1971
* Los ingleses en el Polo Norte; El desierto de hielo.--Barcelona : Nauta, 1971
* Los piratas del "Halifax" ; El faro del fin del mundo.--Barcelona : Nauta, [1971]
* La esfinge de los hielos.--Barcelona : Nauta, [1971]
* Las tribulaciones de un chino en China.--Barcelona : Nauta, [1971]
* Aventuras de tres rusos y tres ingleses ; El secreto de Maston.--Barcelona : Nauta, [1971]
* Agencia Thompson y Cia..--Barcelona : Nauta, [1971]
* Obras selectas .--Barcelona : Carroggio, [1978]
* Veinte mil leguas de viaje submarino.--Madrid : Alianza, 2000
* Un drama en Livonia.--Madrid : Anaya, 1987
* Los quinientos millones de la Begun.--Madrid : Debate, D.L. 198
# Viaje al centro de la Tierra.--Madrid : Alianza, [2001]
# Cinco semanas en globo.--Madrid : Alianza, [2001]
# La vuelta al mundo en ochenta días.--Madrid : Gaviota, [2002]
# El secreto de W. Storitz.--Barcelona : Molino, D.L. 1983
# Escuela de robinsones.--Barcelona : Molino, D.L. 1983
# La jangada.--Madrid : Legasa, D.L. 1981-
# Un capitán de quince años.--Madrid : SM, 1986
# Los hijos del capitán Grant.--Madrid : Gaviota, D.L. 1984
# Miguel Strogoff.--Madrid : Anaya, 2004
GUÍA DE CINE
-Viaje a la Luna (1902), de George Melies

-20.000 leguas de viaje submarino (1907), de George Melies
-20.000 leguas de viaje submarino (1916), de Stuart Paton
-20.000 leguas de viaje submarino (1954), de Richard Fleischer
-Miguel Strogoff (1965), de Carmille Gallone

-La vuelta al mundo en 80 días (1956), de Michel Anderson
-De la Tierra a la Luna (1958), de Byron Haskin
-Viaje al centro de la Tierra (1959), de Henry Levin
-La isla misteriosa (1961), de Cy Endfield
-El amo del mundo (1961), de William Witney
-Los hijos del Capitán Grant (1962), de Robert Stevenson
-Cinco semanas en globo (1962), de Irwin Allen
-Las tribulaciones de un chino en China (1965), de Philippe de Broca

-La luz del fin del mundo (1971), de Kevin Billington
-La isla misteriosa (1972), de Juan Antonio Bardem
-Cinco semanas en globo (1972), de René Cardona Jr.
-Viaje al centro de la Tierra (1977), de Juan Piquer
-La vuelta al mundo de Willy Fog (1981), de Luis Ballester Bustos y Fumio Kurokawa

-Misterio en la isla de los monstruos (1981), de Juan Piquer
-La vuelta al mundo en 80 días (1989), de Buzz Kulik
-Viaje al centro de la Tierra (1993), de William Dear
-20.000 leguas de viaje submarino (1997), de Rod Hardy
-Viaje al centro de la Tierra (1999), de George Miller
-Miguel Strogoff (1999), de Fabrizio Costa
-La vuelta al mundo en 80 días (2004), de Frank Coraci

Diez Clásicos
Cinco semanas en globo (1863). Alianza. 333 págs, 9 e. Anaya. 13’40 e. Espasa. 240 págs, 6’75 e. Primera obra del ciclo Viajes extraordinarios. El explorador Samuel Fergusson, que ha dejado la marca de sus huellas en los lugares más insospechados del planeta, pretende atravesar África... ¡en globo! Como compañeros de viaje, elige a su fiel criado y a un antiguo colega de armas.
Viaje al centro de la tierra (1864). Edaf. 360 págs, 10’95 e. Valdemar. 373 págs, 7’22 e. Anaya. 308 págs, 7 e. Alianza. 310 págs, 9 e. Un jeroglífico medieval casi indescifrable duerme durante siglos entre las hojas de un libro viejo. Cuando por azar cae en manos del profesor Lidenbrock desencadena el viaje más espectacular de todo el siglo XIX.
De la tierra a la luna (1865). Edaf. 268 págs, 7’95 e. Anaya. 11’20 e. El viaje interplanetario había estado en boga durante la Ilustración. Verne tenía antecedentes literarios en los Viajes de Gulliver de Swift, en cuentos de Voltaire, en Dumas o en Poe. Verne mezcla los elementos simbólicos con los saberes enciclopédicos, apoyando el conjunto narrativo en una realidad científica, si no real, al menos verosímil.
Los hijos del capitán Grant (1865). Gaviota. 318 págs, 13’95 e. Lord Glenarvan navega por las costas de Suramérica, Australia y el Océano Pacífico. En el estómago de un tiburón encuentran una botella con un mensaje desesperado que desencadenará las más inesperadas aventuras.
Veinte mil leguas de viaje submarino (1869). Alianza. 554 págs, 12’50 es. Anaya. 15’60 e. Everest. 227 págs, 6’95 e. Veinte mil leguas... narra las extraordinarias aventuras del legendario capitán Nemo, cuyo individualismo libertario y su pasión por el mar reflejan en buena medida los rasgos de carácter de su creador, Verne.
Alrededor de la luna (1869). Edaf. 264 págs, 7’95 e. Continuación de De la Tierra a la Luna, Verne sabe combinar los mitos lunares imaginados por el hombre desde los inicios de la humanidad con los conocimientos científicos del siglo XIX.
La vuelta al mundo en ochenta días (1872). Edaf. 314 págs, 6’50 e. Alianza. 326 págs, 7 e. La conquista y dominio de la naturaleza por la sociedad industrial desempeñan en La vuelta al mundo... un papel central, pero esta obra se distingue por un tratamiento humorístico que enlaza con la experiencia juvenil de Verne como autor de teatro de bulevar.
La isla misteriosa (1874). Alianza. 691 págs, 12’50 e. Actualización y a la vez refutación del mito de Robinson, La isla misteriosa es la variante más conocida –y también la más lograda– de las diferentes aproximaciones que Verne hizo a este tema, de tan destacada presencia en su universo literario.
Miguel Strogoff (1876). Valdemar. 597 págs, 9’90 es. Edebé. 410 págs, 14 e. Miguel Strogoff, es un agente secreto del zar de Rusia. Ha de actuar de incógnito y vencer todas las dificultades que surjan a su paso. Su misión es llevar un importante mensaje al otro extremo del imperio, sacudido en esa época por levantamientos y guerras.
La casa de vapor (1879). Ediciones del Viento, 2005. 400 págs, 22 e. India, 1867. El coronel Munro compra una extraña máquina, un elefante a vapor, para hacer un viaje turístico. Pero se encontrará con el jefe de la resistencia hindú a la ocupación inglesa. Aventuras y muertes se unen en este clásico con cuya cuidada edición Del Viento celebra los cien años de Julio Verne.
PARA SABER MÁS:
http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/julioverne.htm
http://www.lector.net/phyfeb99/verne.htm
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21 Junio 2005
Ilustraciones de Mariana Balzán
MARIANA BAIZÁN (1975), artista plástica e Ilustradora Freelance, nace en Mendoza, Argentina, donde aun reside. Actualmente cursa las últimas materias para licenciarse en Artes Plásticas, con especialización en Pintura (UNCuyo). Desde enero del 2002 se encarga de la ilustración de la columna 'Las Memorias de la Liebre, el Gusano y el Hombre', de Andrés Llugany, publicada en ZERO, revista cultural mendocina, editada por Psicozero Producciones. Es miembro del 'Círculo del Cuadrito' desde noviembre del 2002, y del 'Foro de Ilustradores Argentinos' desde junio del 2003. Ha realizado trabajos para Argentina, Colombia, Chile e Italia; diseño escenográfico para el Teatro Independencia de Mendoza, y recientemente, ilustró y diseñó la CD cover de la banda 'Ultramandaco', de Mendoza, inédito aún.
EL PERSEGUIDOR
Julio era melómano, especialmente jazzero.. Su cuento ‘El Perseguidor’ (‘Armas Secretas’, 1959), deja huella de esto... Esta es mi musical melancólica interpretación de lo que estoy dibujando mañanaJulio era melómano, especialmente jazzero.. Su cuento ‘El Perseguidor’ (‘Armas Secretas’, 1959), deja huella de esto... Esta es mi musical melancólica interpretación de lo que estoy dibujando mañana

LEJANA
Identifico a Julio con puentes.. quizás porque una de sus fotos mas famosas es con los Puentes del Sena de fondo, o porque la historia de Alina Reyes - la que mayores lágrimas de pánico hicieron surgir de mi - concluye/comienza sobre los Puentes de Budapest. Basada en el cuento ‘Lejana’ de ‘Bestiario’ (1951), y en el húngaro Puente Lánchíd (1849), entre otros, realicé esta ilustración.

CAROL Y EL AUTONAUTA
La francesa autopista que une París y Marsella, fue la protagonista en dos de sus obras: ‘La Autopista del Sur’ (1966), y en la aventura de ‘Los Autonautas de la Cosmopista’ (1983).. y no sé por qué, relaciono a la chica del Dauphine con Carol Dunlop.. quizás porque las dos se le adelantaron a sus hombres en la ruta, y se fueron... se fueron... ‘La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y el 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra [...] el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir como lo hemos mostrado en esta aventura que toca aquí a su término pero que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista.’
LA IRONÍA DEL TIEMPO
El tiempo... su única ceja... la eterna juventud de su mirada... y la ironía de escribir a máquina con una laptop... un juego temporal al cual, seguramente, él se hubiese sumado.
RAYUELA
Si Julio hubiese sido dibujante, seguramente hubiese sido Escher... y la rayuela + la constante lúdica no podían estar ausente en el fin de esta galería... Publicar este dibujo, implica girarlo, girarlo, jirarlo, jirando, jurando, jugando... hasta que te conforme alguno de sus flancos.
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21 Junio 2005
El Quijote a través de las colecciones de cromos : Íñigo y Chocolates Lloveras

“Chocolates Lloveras” presentó hacia 1960 la más amplia colección de cromos basados en El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. En un total de 240 reproducciones por offset (en el ejemplar del C.E.C.L.M. falta el n° 193), se resumían los principales episodios que conforman ambas partes de la novela de Cervantes. Para la realización de este álbum, el ilustrador elegido fue Ignacio Hernández Suñer “Íñigo”, dibujante español de la Editorial Bruguera, entre cuyos trabajos destacan las ilustraciones para las Fábulas de La Fontaine (1963), El Libro de la selva de Rudyard Kipling (1987), El Conde de Montecristo y Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas (1988) o Cinco semanas en globo de Julio Verne (1988). Los dibujos de Íñigo también formarían parte de dos adaptaciones para niños de El Quijote: la realizada por Sebastián Juan Argó (Archivo de Arte, 1950) y la de M. Giménez Saurina (1988 para Editors, 1988).

Los cromos de “Chocolates Lloveras”, que se acompañan de un breve pie de foto explicativo, nos muestran a los personajes cervantinos como héroes de dibujos animados caricaturizados, exaltándose su carácter más cómico o paródico. De este modo, Íñigo nunca plasma la versión de los hechos imaginados por don Quijote, lo cual justificaría sus andanzas, sino que preferentemente opta por reflejar la firme realidad con la que este caballero andante siempre choca de bruces. No obstante, también hay algunas excepciones, como la “simulación” del vuelo de Clavileño o la “visión” de un castillo en la cueva de Montesinos. Incluso, podemos apreciar la inserción de ilustraciones que, lejos de este tono divertido, recogen hechos de cierta truculencia, tal y como sucede en el encuentro de Sancho con los bandoleros ahorcados.

Por último, cabe detenernos en el comentario del sistema publicitario que rodeó la aparición de este álbum. “Chocolates Lloveras” impulsó la edición en exclusiva de diversas colecciones de cromos, entre las que se encontraban las dedicadas a personajes Disney (Mickey, Donald, Pluto, etc.) y a reconocidas novelas (20.000 leguas de Viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra y Don Quijote de la Mancha). En el caso que nos ocupa, esta marca comercial resaltaba su pretensión de ofrecer al público la serie más completa posible de ilustraciones con las andanzas de D. Quijote; una colección que, mediante la gracia de los dibujos en los que campa con todo su esplendor el sano humor español, interpretado fielmente por el gran dibujante Íñigo, servirá de diversión a los coleccionistas, y quizás despierte su interés hacia un ulterior conocimiento del gran libro de Cervantes (prólogo de la contraportada).

Y por supuesto, tras esta aparente intención pedagógica, se escondía una hábil estrategia de marketing desarrollada por el director publicitario Domingo Font. El coleccionista debía seguir un complejo sistema de canje por puntos, que eran debidamente proporcionados con la compra de los productos “Lloveras” (chocolate súper-leche, chocolates Ana, etc.), para solicitar directamente el álbum y, por correo, los cromos deseados. Todo ello mediante la disposición de un “Certificado Personal” que aseguraba el control del proceso por parte del proveedor. Y para reforzar la eficacia de esta campaña, un slogan de rima fácil: “De todas maneras. . ., chocolates Lloveras”.

SI QUIERES VER EL ALBUM ENTERO:
http://biblioteca2.uclm.es/biblioteca/ceclm/libros/lloveras/index.htm
Y SI QUIERES SABER MÁS SOBRE QUIJOTE E ILUSTRACIONES:
http://www.uclm.es/ceclm/CentenarioQuijote/albumes.htm
http://www.educa.aragob.es/iesrsfra/Archivos_Varios/Lengua/QUIJOTE_05/enlaces_quij_05.htm
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21 Junio 2005

Litografía por John Tenniel de "¡No son nada fuera de un maso de cartas!"
A través de la tarde color de oro
el agua nos lleva sin esfuerzo por nuestra parte,
pues los que empujan los remos
son unos brazos infantiles
que intentan, con sus manitas
guiar el curso de nuestra barca.
Pero, ¡las tres son muy crueles!
ya que sin fijarse en el apacible tiempo
ni en el ensueño de la hora presente,
¡exigen una historia de una voz que apenas tiene aliento,
tanto que ni a una pluma podría soplar!
Mas, ¿qué podría una voz tan débil
contra la voluntad de las tres?
La primera, imperiosamente, dicta su decreto:
"¡Comience el cuento!"
La segunda, un poco más amable, pide
que el cuento no sea tonto,
mientras que la tercera interrumpe la historia
nada más que una vez por minuto.
Conseguido al fín el silencio,
con la imaginación las lleva,
siguiendo a esa niña soñada,
por un mundo nuevo, de hermosas maravillas
en el que hasta los pájaros y las bestias hablan
con voz humana, y ellas casi se creen estar allí.
Y cada vez que el narrador intentaba,
seca ya la fuente de su inspiración
dejar la narración para el día siguiente,
y decía: "El resto para la próxima vez",
las tres, al tiempo, decían: "¡Ya es la próxima vez!"
Y así fue surgiendo el "País de las Maravillas",
poquito a poco, y una a una,
el mosaico de sus extrañas aventuras.
Y ahora, que el relato toca a su fín,
También el timón de la barca nos vuelve al hogar,
¡una alegre tripulación, bajo el sol que ya se oculta!
Alicia, para tí este cuento infantil.
Ponlo con tu mano pequeña y amable
donde descansan los cuentos infantiles,
entrelazados, como las flores ya marchitas
en la guirnalda de la Memoria.
Es la ofrenda de un peregrino
que las recogió en países lejanos.

VERSIÓN EN INGLÉS:
ALL in the golden afternoon
Full leisurely we glide;
For both our oars, with little skill,
By little arms are plied,
While little hands make vain pretence
Our wanderings to guide.
Ah, cruel Three! In such an hour
Beneath such dreamy weather,
To beg a tale of breath too weak
To stir the tiniest feather!
Yet what can one poor voice avail
Against three tongues together?
Imperious Prima flashes forth
Her edict to begin it
In gentler tone Secunda hopes
"There will be nonsense in it!"
While Tertia interrupts the tale
Not more than once a minute.
Anon, to sudden silence won,
In fancy they pursue
The dream-child moving through a land
Of wonders wild and new,
In friendly chat with bird or beast --
And half believe it true.
And ever, as the story drained
The wells of fancy dry,
And faintly strove that weary one
To put the subject by,
`The rest next time' -- `It is next time!'
The happy voices cry.
Thus grew the tale of Wonderland:
Thus slowly, one by one,
Its quaint events were hammered out
And now the tale is done,
And home we steer, a merry crew,
Beneath the setting sun.
Alice! a childish story take,
And with a gentle hand
Lay it where Childhood's dreams are twined
In Memory's mystic band,
Like pilgrim's wither'd wreath of flowers
Pluck'd in a far-off land.
EXTRAIDO DE LA ESTUPENDA WEB: http://www.guiascostarica.com/alicia/
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21 Junio 2005